“Me interesa que la persona que comienza a leer un libro mío no se aburra”

SergioOlguin sergio Olguín lleva editadas 8 novelas. En ellas ha hablado y atraído a públicos diversos. Infantiles (Como cocinar un plato volador), juveniles (El equipo de los sueños) y entre los adultos con La fragilidad de los cuerpos se convirtió en un autor de culto para las mujeres jóvenes y no tanto. En Las extranjeras retoma a su personaje Verónica Rosenthal, que desde su rol de periodista investiga un doble femicidio.

¿Qué expectativas tenés con este nuevo libro ?

Las extranjeras es la segunda historia protagonizada por Verónica Rosenthal que es la protagonista también de mi novela anterior La fragilidad de los cuerpos y la expectativa es la misma que uno tiene cuando sale un libro nuevo, porque si bien ya es mi octava novela, siempre se siente la emoción de la primera vez, sobre todo cuando comenzás a publicar en una editorial nueva, como es mi caso que ahora lo hago en Suma de Letras. Espero ir encontrando los lectores o mejor dicho, que el libro vaya encontrando sus lectores. Esa es la expectativa.

Al recorrer tus novelas, encontramos dos o tres marcas de autor que son importantes: un registro popular del relato; un trabajo muy logrado con los diálogos y una particular obsesión por describir los lugares, los espacios, las ciudades, los pueblos con una precisión que genera familiaridad en el lector. ¿Son estas cuestiones parte de tus obsesiones al momento de trabajar?

Sí. A mi me interesa cuando escribo hacer una literatura del tipo popular, para llamarlo de alguna manera. No sé si es una palabra que define a algún género literario amplio, pero me gusta que mis novelas puedan ser leídas por un público que probablemente no esté habituado a leer novelas. Es algo que siempre me interesó. Llegar a un público no especializado es algo que me parece bueno. Trabajo mucho a partir de esta idea, me interesa que la persona que comienza a leer un libro mío no se aburra, que empiece a leerlo y en lo posible no lo abandone. Obviamente que el autor siempre se puede proponer cosas y después no conseguirlas. En cuanto a los diálogos, me causa mucho placer trabajarlos. Aunque intento no abusar en su uso, intento que suenen lo más naturales posibles. Para eso hay que hacerlos muy artificiales. En realidad la copia textual de un diálogo, como si tomáramos un grabador y grabáramos un diálogo entre dos personas, literariamente no funciona. Funciona la idea de lo que es natural. Me ha pasado de tomar líneas de diálogos textualmente y después darme cuenta de que literariamente no funciona. Cicerón -para poner una cita un poco intelectual a todo esto- decía que hay un arte de parecer sin arte y me parece que en los diálogos justamente es donde más se nota. Lo que tiene que notarse es que no parece que está literariamente trabajado. En cuanto a las ciudades tiene que ver con lo que hago. El género que mejor me define es el policial y si algo define al policial es la ciudad, el lugar. Es un género casi que se define por el lugar. Identificamos a los autores norteamericanos de policiales por las ciudades que describían, esos espacios en crisis. Lo mismo pasa con el policial nórdico, con el policial francés, con el español… hay un policial que podríamos llamar mediterráneo. Hay literaturas que tienen que ver con lo policial que se define a partir de la ciudad, de dónde transcurre, de cómo se describen esos lugares. Por eso me gusta que los lectores puedan sentir que están metidos en una ciudad o en un pueblo como pasa en Las extranjeras, que de todos modos no transcurre en el ámbito habitual de mis novelas sino en un pueblito.

¿Por qué trasladas Las extranjeras fuera del ámbito de la ciudad donde se había desarrollado tu anterior novela y que suele ser el ambiente de la mayoría de ellas?

La novela está inspirada en el crimen de las turistas francesas, con la diferencia que en lugar de transcurrir en Salta ocurre en un pueblo inventado de Tucumán y no son francesas, sino que una es noruega y la otra italiana. Son dos femicidios cometidos en un pueblo chico, con todas las características de un pueblo chico, que como suele decirse es un infierno grande. Me costó bastante porque soy un tipo de ciudad en todos los sentidos: en mi vida cotidiana y cuando escribo. Entonces a Verónica y a mí nos pasaba lo mismo: nos aburríamos en el pueblo. Nos faltaban los lugares que necesitábamos. Fue muy divertido ver como Verónica se aburría, salía a correr y hacía cosas que habitualmente no hace en la ciudad. Fue una linda experiencia cambiar absolutamente de ámbito para escribir Las extranjeras.

En el último número de la revista La balandra, Marcos Meyer a propósito de trabajo como jurado en concursos literarios señala “…los personajes solo desayunan café negro, como si les estuviera prohibido el té o el mate…” refiriendo a los lugares comunes que abundan en la mayoría de las novelas que se presentan. En tus novelas es minucioso el detalle de las características de los personajes, este tipo toma un whisky determinado, aquella desayuna de tal manera, a alguno no le gustan las tostadas, el personaje no entra al primer bar que encuentra…

Trabajo el detalle del personaje porque el personaje es lo que más me interesa de cada novela. De hecho me ocurre generalmente que habitualmente tengo la intención de escribir una nueva novela con los mismos personajes que aparecen en otra, para trabajar con esos detalles que los constituyen. Me pasa desde Lanús, aunque antes de esta novela lo hice solamente con El equipo de los sueños, cuyos personajes reaparecen en Springfield. Obviamente después repetí con Verónica Rosenthal, el personaje de La fragilidad de los cuerpos. Me parece que son justamente esos pequeños detalles los que definen al personaje.

Verónica Rosenthal como personaje adquiere en Las extranjeras una dimensión notable, se consolida como un gran personaje de novela. En menor medida algo similar puede señalarse respecto del crecimiento de Federico, el amigovio. ¿Qué te pasa a vos como escritor con la evolución de Verónica y el resto de tus personajes?

Verónica es un personaje que me sigue sorprendiendo cuando escribo sobre ella. Eso me parece que está bueno, tengo la sensación que todavía no se todo sobre ella. Y eso me es muy útil a la hora de escribir, porque cuando estás trabajando una trama y todavía no tenes resuelta la historia, el descubrimiento de esa historia se va dando en el momento de escribir. Con Verónica me pasa eso, la voy descubriendo a medida que la veo actuar en las novelas. Federico era un personaje que no nació al comienzo de la novela, no era un personaje premeditado. Empecé La fragilidad de los cuerpos sin que él existiera como personaje. Necesitaba un personaje absolutamente secundario que le pasara un par de datos a Verónica y de a poco se fue convirtiendo en un personaje más importante. Finalmente quedó en la novela como un personaje bastante importante y en Las extranjeras es un coprotagonista.

Y además adquiere cierta independencia, incluso de la propia novela…

Si, yo creo que podría tener su propia novela si quisiera. Tengo ganas de pensar que hago con Federico. Creo que en la próxima novela él deberá ser quien comience la historia y Verónica tendrá que ir detrás de él en todos los sentidos. Es muy lindo como autor cuando te pasa eso, cuando sentís que los personajes van creciendo y desarrollándose más allá de lo que uno había imaginado al comienzo de una historia. Generalmente es eso lo que me lleva a escribir. Estaba pensando la nueva novela de Verónica y no sabía por dónde encarar, hasta que me di cuenta quien debía ser el nuevo coprotagonista, un personaje que no está en las novelas anteriores y que va a estar en esta, nada más. Y me di cuenta quien era y dije “ah! Claro, ya está, ya tengo la historia”. No importa que no sepa nada del resto. Sé que la coprotagonista va a ser una ex monja, una mujer mayor a la que Verónica le va a pedir ayuda para resolver un caso de chicos dados en adopción ilegalmente. Ya está. No tengo más que eso, pero con ese punto de partida tengo la palanca para mover el resto de la historia.

García Márquez decía que era muy estricto en cuanto a su método de trabajo, que lo hacía como si fuera a trabajar a una oficina: se levantaba, desayunaba, se duchaba, se vestía, se ponía corbata y saco y se sentaba a escribir. ¿Vos tenés algún método?

No tengo un método tan estricto. Yo soy muy enquilombado para trabajar. Puedo trabajar desde la mañana o también puedo empezar a trabajar a la noche. No soy un escritor ni diurno ni nocturno. Mi hora favorita para escribir es a partir de las 5 de la tarde. Entre las 5 y las 8 o las 9 de la noche es la mejor hora. Lo que no significa que no escriba muchas veces a la mañana o esté corrigiendo a la mañana y a la noche siga escribiendo. Cuando estoy escribiendo una novela, en general, escribo todos los días. Incluso domingos y feriados. Después, cuando empiezo a corregir el trabajo es más tranquilo, no es tan exigente. Cuando escribo le dedico mucho tiempo.

Te traslado una pregunta que me hizo una mujer ¿Cómo hace Sergio para meterse en la cabeza de las mujeres?

No sé, creo que es porque crecí en un universo bastante femenino. Madre, tres hermanas mujeres… me gustaron siempre las telenovelas desde chico. Creo que el universo femenino me resulta bastante familiar. Tengo un interés especial en tratar de entender la cabeza de una mujer. Desde el primer libro, Las Griegas, tenía ese interés de escribir para entender. No lo consigo, por eso sigo escribiendo una novela tras otra. Pero es algo que me interesa especialmente y tengo un buen oído para las historias de mis amigas mujeres. Tengo muchas amigas mujeres.

En el final de algún modo re significas o repones el sentido de la investigación de Verónica, pero además le cambias el tono y logras un muy alto nivel de emotividad

Yo quiero que el lector llore al final de la novela. Pero que lagrimeé solo un poco

 

El reportaje fue realizado por Carlos Prado y Daniel Cholakian en el programa Bajo el volcán y el audio completo del mismo puede escucharse ACÁ
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