En México la burguesía que retrato en “Fallas de origen”, es una burguesía a la cual le importa poco si a México se lo lleva la chingada

Daniel krauzeFallas de Origen es la primera novela de Daniel Krauze que se edita en Argentina. Con ella ganó el premio Nuevas Letras en México. Previamente había publicado Cuervos (2007) y Fiebre (2010). Actualmente es coeditor del sitio de Internet de Letras Libres y estudia la maestría en Creative Writing en la Universidad de Columbia. Con él conversamos a propósito de su novela durante su estadía en Buenos Aires.

En Fallas de origen encontramos vínculos con muchas  de las “nuevas” narrativas de América Latina, que en términos generales tienen que ver con la emergencia de una burguesía joven urbana y cosmopolita. Su protagonista, Matías, es uno de estos jóvenes burgueses atravesados por la cultura cinematográfica, por la cultura estadounidense, y en ese sentido su viaje es de regreso a México DF, pero podría ser a Buenos Aires, a Santiago de Chile…

De algún modo estos jóvenes en México son un fenómeno nuevo. Yo formo parte de la última generación que se acuerda de un México no infectado por un mundo globalizado. Yo crecí en un país que veía telenovelas, que veía El chavo del ocho, esos eran nuestros entretenimientos. En 1989 veíamos series que habían salido en Estados Unidos en 1976 y para nosotros eran estrenos: La casa de la pradera y otras. Ese era el único contacto que teníamos con Estados Unidos. Entonces era una relación muy rara porque estamos muy cerca, sin embargo tener un Milky Way, un M&M en las manos era como un tesoro, porque en México no los vendían. Esto fue previo al NAFTA, al tratado de libre comercio que nos abrió y por el cual esta influencia nos avasalló. Yo me acuerdo de lo que es vivir en un país que es como una especie de isla, un país completamente mexicano. De repente viene el tratado de libre comercio y empezamos a ver Friends y Seinfeld y nos volvemos medio gringos y empezamos a decir “cool” en lugar de decir que “algo está padre”. No sé cuánto tendrá que ver con la novela, pero esto en México es muy nuevo, tiene apenas veinte años.

Tu novela está lejos de estos dos grandes registros de la novela mexicana del presente: la narconovela y la novela de frontera. ¿Cómo la ubicas dentro de la narrativa mexicana?

Intento no pensar en eso mucho. Siento que hay como una especie de onanismo inútil -no sé si hay un onanismo útil- pero hay uno inútil en tener escritores hablando del lugar que ocupan en la literatura de su país. Yo veo muchos escritores en México preocupados en ver si una novela es costumbrista o realista o de influencia decimonónica. Yo, por lo menos cuando estoy escribiendo, intento no pensar en absolutamente nada de eso. Creo que el chiste es aventar tu obra al mercado y solita va a ir encontrando un nicho y solita sin que tú lo intentes se va a ubicar en un lugar. Lo opuesto sería decir quiero insertarme dentro de la literatura de la frontera y entonces voy a hacer este tipo de novela o quiero insertarme dentro de la literatura de la narconovela y entonces voy a escribir una novela de este tipo, ¿no? Yo realmente no lo pensé. A mi me da la impresión, y esto lo digo sin ningún tipo de mamonería, no estoy queriendo ser odioso, que lo que yo hago no lo hacen otros. No estoy diciendo que lo que yo hago es tan bueno que no lo hacen otros, sino que lo que yo hago ahora no veo que a nadie más le interese en México. Pues sí es hablar un poco de la burguesía, que me parece que México es un poco un anatema. Es algo que no debes tocar.

Pero el gran escritor de la literatura mexicana moderna, Carlos Fuentes, fue un escritor de la burguesía.

Pero es el único.

Yo pensé en Fallas de origen como una reaparición…

…de La región más transparente.

Claro

Sí creo que Fuentes lo hizo. Luego por momentos la literatura juvenil medio burguesa aparece en José Agustín… pero yo creo que, quitando Fallas…, llevamos veinte años sin ver otra novela de ese tipo. Porque se percibe que si escribes sobre burgueses, aunque los critiques, eres un burgués. Y ser un burgués…eso no está bien.

Nuestra impresión es que Matías es un personaje por momentos deleznable, aunque en realidad él mira a los otros como sujetos deleznables. De algún modo hay un juego de espejos donde el protagonista mira a los otros personajes como el lector lo mira a él.

Pensando en mis otros libros, Cuervos que fue mi primera colección de cuentos tenía lo contrario. Eran personajes muy buenos como Dorothy en El mago de Oz, que veían cómo todos a su alrededor se drogaban y hacían cosas horribles y el narrador, desde el punto de vista de estos personajes entrañables y bondadosos, veía todo con una alarma terrible. Allí de alguna manera el narrador decía: “estos son los buenos y estos son los malos. Y esto es lo que los malos le están haciendo a los pobres buenos que no se lo merecen”. Cuervos lo escribí a los 21 años. Crecí y advertí que el mundo es más complejo que eso, quise corregir esos errores y lo primero que se me ocurrió fue crear un personaje precisamente que hace eso: que critica todo, que parece como odiar todo, mientras que él es parte de la misma mierda, está haciendo exactamente lo mismo, es absolutamente deliberado.

Hay dos regresos en Fallas…: el regreso físico a México y el regreso a la historia personal seis años después, para enfrentarse con ambas cosas: el México que dejó y el grupo, la familia, el recuerdo del padre. ¿A dónde crees vos que Matías quiere regresar y a dónde efectivamente regresa?

Tiene que ver un poco con lo que les decía al principio. Para trazar una cronología muy burda de mi generación: yo creo que mi generación, como expliqué, nace en esta especie de México que, por lo menos yo que soy medio melancólico, recuerdo como un México idílico. Tal vez un México antidemocrático ¿sí? Pero era un México en el que no había violencia, en el que se podía caminar por las calles. O había muy poca violencia, mi papá me llevaba al parque a andar en bici, me dejaba solo, a nadie asaltaban. Este es el México pre TLC. Y luego yo creo que los noventa son una década muy complicada pero que termina con una especie de  un soplo de esperanza inmensa. Pensamos que al irse el PRI y venía la democracia y todas las posibilidades que ello conlleva. Yo me acuerdo haber estado en el cine cuando ganó Fox  y la gente aplaudió. Y luego, seis años después nos dimos cuenta de que la democracia había traído consigo una cantidad de mierda inmensa y que el país estaba más dividido que nunca y que las cosas no estaban mejorando y que por lo menos en mi generación -la gente que tiene de 35 a 27- que pudimos votar por cierto en el 2000, vivimos una suerte de desilusión colectiva. Como decir “esta solución pensamos que era como una especie de panacea y no sirvió para nada” y todo culmina con el PRI regresando al poder hace dos años. Una especie de retorno deprimente. Yo me fui junto con el personaje en el 2006 y regresé en el 2009. Matías regresa en el 2012 que es cuando escribí Fallas… y la publiqué. Yo me fui y el país acababa de escoger a Calderón,  yo lo había votado, y en todos los que lo habíamos hecho hubo una especie de respiro. “Nos salvamos otra vez, ahora sí, ahora sí va a mejorar la cosa” y vino una nueva decepción. Cuando yo regresé a México en el 2009 yo sentí lo que Marty McFly siente en Volver al Futuro 2, cuando se va al futuro y regresa a 1985 y dice todo está vuelto una mierda, y lo corren de su casa a escopetazos y… yo sentí un poco eso. Yo me fui de un país que estaba mal, que estaba sumido en una guerra contra el narcotráfico donde había miles de muertos al día, historias horribles de un hombre que hacía sopa con cadáveres. Cosas espantosas. Y esa decepción nacional se mezclaba también con una decepción más íntima porque por supuesto el ánimo de un país estaba infectando a la gente. Yo regresé y toda la gente que me rodeaba: mis amigos, mi ex novia y demás yo los sentía que estaban sumidos en una especie de miasma, de depresión y donde muchos se habían vuelto corruptos porque podían volverse corruptos pues “quién chingados nos va a decir nada, si todos son corruptos por qué no vamos a ser corruptos” y pues para mí fue un año y medio muy duro, muy decepcionante. Insisto lo que siente este güey de Marty MacFly ¿dónde está este lugar que dejé? Y esa era la sensación que quería plasmar en Matías “¿Dónde están mis amigos? ¿Dónde está mi novia? ¿Dónde está mi familia? ¿Dónde está todo eso?”

¿Y cuánto tiene que ver que la ciudad sea el DF, que no sea otro lugar de México? 

Mucho. A principios del 2000 la gente del DF se iba a Monterrey para estar segura, porque allí no pasaba nada. Y cuando yo regresé de mi maestría en el 2009 empieza un éxodo a la inversa. Gente de Monterrey empieza a ir al DF porque a Monterrey lo arrasa la violencia. Pero lo arrasa, le pasa como una dinamita. Explota. Secuestros todo el tiempo, le prenden fuego a un casino, mueren 50 personas. A lo que voy es que yo creo que un país que está sometido a ese nivel de violencia, la atmósfera de las ciudades cambia de un mes a otro y yo sentí eso. Yo me fui de un país que evidentemente era violento en el 2006, pero en el 2009 era cinco veces peor. Los periódicos traían noticias horribles. Igual esta es una narrativa que yo me cuento y no es tan cierta pero igual yo abrí los ojos y lo percibí.

Igual esa violencia de la que estás hablando en Fallas… aparece más como una violencia interna, una violencia que inevitablemente atraviesa a los personajes.

Sí y me interesaba contar lo que pasa con la violencia y los jóvenes. Yo podría contar con los dedos de la mano, y me sobrarían dedos, la cantidad de veces que he platicado con gente de mi edad sobre México y de que va a pasar con México. México es un tema que no se toca. México, el país, para los jóvenes burgueses es como un tío muy enfermo de Alzheimer que tienes guardado en un cuartito lejos de la casa y que le pides a la sirvienta que le lleve la sopa. Es una especie de vergüenza, pues está loco y orate. No hablas de él, estás esperando que muera. No sé, es lo que siento yo, que me parece atroz, por supuesto. En México la burguesía que retrato en Fallas…, es una burguesía a la cual le importa poco si a México se lo lleva la chingada. Total si México se pudre, pues yo me puedo ir. Y sí,  yo sé que están matando millones de personas con la guerra al narcotráfico y que se están muriendo como chinches allá en Sinaloa, pero eso me llega a mi nomás por el periódico. No es mi realidad, porque México la ciudad es comparativamente muy segura. Entonces lo que ha pasado en el DF es una burbuja de irrealidad rarísima. Vives en México, están matando personas en tu país. Pero como no están detonando bombas en los centros comerciales a los que tú vas, pues entonces que se maten. Además que en el DF hay burbujas, dentro de las burbujas, dentro de las burbujas. Y Matías vive en la burbuja burguesa de la burbuja burguesa de la burbuja burguesa de la burbuja burguesa. Está el DF salvaje, indomable y luego el centro del DF y luego en relativo centro del DF están la Roma y la Condesa, que sería como el más bonito de los sectores de Palermo, acá en Buenos Aires. Matías vive en el más padre de todos, el más burgués de todos, o se mueve por ahí, que es la Condesa. Por ahí todos andan en bici, caminan por las calles, pasean a sus perros, hay arbolitos, cafés, restaurantes nuevos. Ahora ¿eso es el DF? No. ¿Eso es México? No. Son apenas unos kilómetros.

Hay algo relacionado con la imagen en la novela. Cuando estás mirando la tele y hay fallas en la imagen se dice que “hay fallas de origen”. ¿Podríamos pensar algo así con la imagen que quieren dar los personajes y lo que son en verdad? Hay una frase que Matías dice que le dijo el padre: que todos están buceando en la superficie y nadie se quiere meter adentro para ver que es lo que pasa.

Eso es algo que mi mamá me dijo y que me pareció increíble. Que todo el mundo se pasa así chapoteando en la espuma. La espuma de los días, como la novela de Boris Vian. Mi mamá me dijo que como que nadie se metía a nadar más a fondo. De nuevo yo lo que noto mucho en la burguesía mexicana que tiene la capacidad económica para viajar, leer, ver cosas diferentes, pero son muy frívolos, entonces no les importa nada. Pero las conversaciones que yo conozco entre la clase media y la clase media alta en México son aberrantes de lo aburrido. Son soporíferas. Todo se vive por encima, las opiniones son siempre superficiales, todos ven las mismas pinches series de televisión gringas. Es como un país sumido en la frivolidad. Perdón, no un país, insisto, una determinada clase. Con respecto a las fallas de origen, hay fallas de origen en el país, muchísimas, fallas de origen en el personaje, para echar para arriba.

Pensando en esta burguesía que vive en una burbuja y no discute, se puede vincular con lo que hablábamos antes de La región más transparente, aquella burguesía era algo distinta porque si bien allí las mujeres estaban por un lado y los hombres, aun cuando vivían en sus burbujas eran hombres que si discutían el futuro del país. Fueron los tipos que construyeron el futuro del estado mexicano que finalmente fue, el estado priista. ¿Adónde apunta esta nueva burguesía? ¿se sube al estado priista hasta que se agote?

Yo creo que sí. Lo que veo en la gente que conozco que trabaja para el gobierno, que es mucha, que trabajan para el gobierno de un país que no les importa. La gente que trabaja para la burocracia, que además gana increíblemente, -son sueldos estratosféricos-, les importa básicamente la lana, el dinero. Yo nunca les escuché decir “hay que implementar estas políticas, porque hay que mejorar el país, por acá y por allá”. Entonces tienes a cargo de México a personas a las cuales el país les tiene sin cuidado. Es muy raro ¿no? Es como si al dueño de Coca Cola los refrescos le valieran madre, o al dueño de la Paramount las películas no le interesaran un carajo o el director editorial de Planeta nunca hubiera leído un libro. Es lo que yo siento por México. Imaginarme a personas como debatiendo el futuro del país para mi es una imagen ajena. Creo que los intelectuales debaten el futuro del país. Pero los intelectuales no tienen las riendas de nada. Pero de nuevo, el nicho que estoy retratando en Fallas…, son los dueños del país. El papá de Adrián es un tipo de altísimo rango en la política que roba plata como yo agarro esta servilleta. Y yo eso lo veo aquí, de primera mano. Nos hemos vuelto una sociedad capitalista a lo güey. Lo que importa es hacer dinero. Yo quiero trabajar en el gobierno no para mejorar mi país, yo quiero trabajar en el gobierno para hacer lana. Por allá hay dinero. De veras hay dinero.

¿Cómo fue presentarte a un concurso después de haber tenido dos libros ya publicados?

Me lo mencionó mi editora: “oye a un premio que se está armando. No se bien cómo está”. Ella sabía que yo estaba escribiendo un libro. Le dije “bueno, mantenme al tanto”. Entonces después me avisó que se había armado. Yo había acabado el primer borrador y estaba a punto de tirar el primer borrador y comenzar el segundo, que es más o menos éste. Y le pregunté “¿Cómo está el premio?”. “Está bien” me dijo “y hay una remuneración…”, me dijo lo que pagaba el premio. “Entremos”, le dije. “¿Puedo entrar con seudónimo?”  “Si está bien. Entras con seudónimo y yo no me entero cuál es tu seudónimo, no se cuál es tu novela”. Ella nunca la había leído, y ya, así decidí presentarme al premio.

Hay alrededor de los premios toda una historia de las dudas y más en tu caso que sos parte de una estirpe en la cultura mexicana.

Si, es por eso que yo no se si lo volvería a hacer. Agradezco la promoción. Yo no estaría aquí con ustedes en este bonito hotel en Buenos Aires si no hubiera sido por el premio, pero no se si lo volvería a hacer.

 

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