Reseña: “La lengua estofada” de Federico Levín

La lengua estofada_02El Sapo Vizcarra no es un personaje común para la literatura policial. Obeso y obsesivo por la comida, no es un investigador por voluntad. Ni siquiera está dispuesto a moverse de su barrio, el Abasto. Para ser francos, La lengua estofada debería ser considerado un falso policial. La novela de Federico Levín funciona como tal, tiene el clima de un policial, los saberes de tal género –negro, obviamente- pero es una novela que está más cerca de lo antropológico que del policial. ¿Qué motiva a moverse al hombre más que la comida? ¿Qué lo implica en las relaciones humanas, en los festejos, en los rituales, incluso en las identidades, más que aquellos lugares, olores e imaginarios que lo vinculan con el hambre? Lo vital parece esconderse en las parrillas de las rutas argentinas y en el extraño ajo negro.

Desde el Abasto porteño una pareja de ancianos, una rusa sospechosa y  ex linyera viejo y decrépito, junto con el enorme Sapo Vizcarra y un chofer contratado para la ocasión, parten con un rumbo extraño: Real del Padre. Lo que sigue es una suerte de novela del camino, donde la ruta y las circunstancias promueven los hechos. Los personajes, sujetos populares desplazados, sin demasiados lazos sociales, responden al devenir. Se cuestionan permanentemente sobre los sentidos de la vida, sobre la historia personal, sobre los deseos, aun cuando no atinan sino a moverse de acuerdo a lo circunstancial. Al tiempo que se cruzan en diálogos sorprendentes, cada uno cuenta su propia historia y le da sentido a su propio viaje individual en medio de ese raid colectivo.

Levín es un escritor talentoso. Conoce las estructuras, los modos de construcción de los personajes, el espacio justo entre el estereotipo grotesco y el tipo extraño pero funcional al relato. Cada uno de sus personajes funciona perfectamente, aun cuando sus comportamientos sean inverosímiles en la lógica del realismo e incluso que sus relaciones son en sí mismas extrañas. Lo real y lo fantástico se encuentran en la ruta en cruces sorprendentes, así como los que unen a los personajes y sus niveles de habla.

La lengua estofada es compleja, oscura. Una novela cargada de gula y de un sentido humano -demasiado humano- de la comida, que muchos lectores como quien escribe, sabrán comprender.

La lengua estofada – Federico Levín – Aquilina – Diciembre 2013
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