El desgarro de las ciudades y los hombres

malaparteCuando los pueblos sufren, cuando son desgraciados, se humillan, se degradan ante sí mismos, sólo los extranjeros pueden juzgarlos fría, desapasionadamente
Después de catorce años exiliado y encarcelado por el gobierno fascista italiano, el novelista, reportero, veterano, diplomático, y polemista profesional Curzio Malaparte vuelve a París, donde pasó los años más felices de su juventud. El año es 1947, y tanto París como Malaparte fueron transformados y amargados por la guerra. Reconociéndose mutuamente, palpándose los cambios, París y Malaparte perciben las inocultables huella del sufrimiento, en la mirada recelosa, en la melancolía que se escapa por las junturas de un orgullo postizo.
Malaparte estudia y conoce el espíritu de los pueblos europeos (sus novelas La Piel y Kaputt son célebres, además de por la belleza truculenta de su estilo, por su agudeza para señalar los rasgos típicos de cada sociedad), sabe que este espíritu excede la política de sus Estados, y detecta los síntomas de un pueblo francés enfermo de humillación. Asistiendo a fiestas y teatros y paseando por calles y plazas nocturnas, cenando con artistas y políticos y ladrando con los perros, Malaparte va pintando su impresión del nuevo París y de la nueva generación europea, criticando con brutalidad quirúrgica el marxismo, el existencialismo, el posmodernismo, el espíritu cristiano y la razón cartesiana. Su mirada trágica disuelve las divisiones categóricas: vencedores, vencidos, colaboracionistas, resistentes: toda Europa fue culpable de la guerra, y toda Europa la perdió.
A Malaparte no se le caen los anillos de sello ni le tiembla el pulso a la hora de juzgar, pintar, operar y escribir sobre Francia, su gente, sus costumbres y su pasado, porque a pesar de su amor por ese país, se mantiene fríamente extranjero. A su vez, los lectores de su Diario, extranjeros del espíritu de Malaparte, podemos tener la misma frialdad con él para observarlo. Su París, su pintura de París, dista mucho de la de Hemingway o de la de Chateaubriand: su trazo lo define. El desencanto y la nostalgia empapan la prosa romántica de un hombre fogueado y controversial que opta por alejarse de la multitud para levantar ante ella un espejo iluminado: en su Diario está ese espejo, y también el hombre que lo sostiene.

Juan Moretti
Diario de un extranjero en París – Curzio Malaparte – Editorial Tusquets – Marzo 2014
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