Todo lo destruido debe ser sacudido

1 La phacer violenciaoesía en “Hacer violencia. El régimen insurrecto en el arte” es instaurada en el centro de una discusión por definir conceptos: cuerpo, genocidio, resistencia. Hombre. La poesía parece ser un término capaz de vehiculizar este debate, porque existe un verbo vinculado a su nombre y es el de poetizar. Sentido y acción.

Cuando al hombre, separado de su condición de sujeto, es víctima de la desfiguración de su identidad y su cuerpo, arrojado al olvido y exterminado sistemáticamente, es ahí donde la poesía como modo de praxis otorga la posibilidad de llamarlo. Define y construye la historia. Rota. Historia rota.

El genocidio es un modo borrar el camino a lo largo del cual se construyó una cultura. Descuartiza lazos, destruye la comunidad, aniquila. El genocidio presenta su propia configuración narrativa y es aquí donde domina. Triunfa si consolida su relato. Y donde las palabras parecen ya no ser suficientes, en los cuerpos mutilados, atravesados por formas de enunciación nuevas y complejas, el poetizar se vuelve la prueba de lo que no está, los cuerpos que faltan. Los testimonios ausentes. El deber de la poesía: resistir a la consolidación de aquellas narrativas malditas.

2 El cuerpo se separa de la persona y las naciones son vaciadas de sus cuerpos. Nace una pornotopía, un aparato de producción de víctimas en sociedades posgenocidio donde la falta o falla de justicia coloca a los sujetos en el lugar de víctimas ad infinitum. ¿Qué sucede con los cuerpos que quedan? ¿Cómo se resiste desde una sociedad traumatizada?

El genocidio que no es juzgado no cesa de suceder. Habitamos una tierra de muertos eternos. De víctimas del encierro permanente y cuerpos atravesados por una violencia infinita. El poder y la justicia no responden. El hombre espera.

3 Ana Arzoumanian construye a través de diversos ensayos un mapa de cruces entre la experiencia atroz de la violencia en la modernidad con la supervivencia del arte como lenguaje de la resistencia. En muy interesantes -y necesarios- pasajes, permite pensar en la posibilidad de la reconstrucción a partir de la deconstrucción de las narrativas que el sistema moderno propone: el genocidio armenio, la fetichización de la violencia, la soledad del artista y la deformación de los cuerpos. Todos estos ejes, interconectados, construyen una red a partir de la cual se reflexiona sobre las posibilidades reales del arte en un contexto en el cual el mundo, visto sin filtro, es desesperanzador. La poesía viene aquí a construir ese real, y no a desvincularse de él.

4 Las reflexiones propuestas están atravesadas por cuestiones de derecho, filosofía, estética y política, sin dejar de lado la experiencia propia y de su pueblo. La crudeza sirve como elemento para dar a entender la suprema importancia del debate: que el pasado no nos encuentre sólo recordando, cuando a gritos pide estar presente en la acción. La memoria, tan evocada y reclamada, debe estar construida a partir del conocimiento de la historia pero también de la actualidad. Aquello que nos dejaron los genocidios, aquello que aún late en los cuerpos objetivados y los espacios vacíos debe ser puesto en juego.

Todo lo destruido debe ser sacudido.

Y de su ruido, del verdadero sonido que emita, el arte bailará su deber. La justicia.

 Lucía Cholakian Herrera
Hacer violencia. El régimen insurrecto del arte – Nahuel Cerrutti Carol Editor – Buenos Aires, Junio 2014
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