Aunque cada país tiene marcas propias, visto a la distancia, las fronteras en América Latina tienden a borrarse

guadicalvoGuadi Calvo es periodista y escritor. En el periodismo comenzó como crítico de cine, pero desde hace años ha derivado su trabajo hacia el análisis de la política internacional. En este recorrido el cine de América Latina y sus encrucijadas estuvo siempre presente. Es además autor de tres libros de narrativa el libro de cuentos “El guerrero y el espejo” y las novelas “Señal de ausencia” y “La guerra de la sed”. En su último libro Estética de la desesperación. Violencia, marginalidad y política en el cine latinoamericano, construye un recorrido personal sobre el los conflictos sociales y políticos y el modo en el que cada cinematografía nacional dio cuenta de ellos.

En el prólogo haces una defensa del recorte que implica tu mirada sobre el enorme campo del cine latinoamericano, dado que focalizas, como decías, desde la perspectiva del conflicto y a propósito de cinematografías menos exploradas. ¿Por qué haces este recorte?

El libro es un trabajo que vengo haciendo desde muchos años, es una mirada obviamente parcial sobre el cine latinoamericano y de la manera que el cine de nuestro continente ha trabajado diferentes fenómenos sociales y políticos en la historia de cada uno de los países. Entonces de pronto abordo la cuestión de Sendero Luminoso en Perú y como el cine peruano fue recogiendo ese momento histórico tan crucial para el país.

La intención es desafiar al lector diciendo: “Acá están, estas son algunas de las muchísimas películas que ha producido el cine latinoamericano” y queda abierto el desafío de procurar verlas en alguna plataforma en internet o piratearlas, como dice mi amigo el realizador peruano Alberto “Chicho” Durán, que ha escrito un libro a propósito del derecho a piratear películas. Porque las distribuidoras nacionales y las internacionales que están en el país no se arriesgan. Traer cine boliviano, ecuatoriano, cine de Centroamérica no es negocio, entonces si se cierran las ventanas intentemos encontrar los resquicios por los que podemos meternos y encontrar un gran cine lamentablemente desconocido

¿Hay una sola estética o son varias las estéticas diferentes las que aparecen en la región?

Son varias. Sin embargo América Latina, incluyendo a los países que excluí con absoluta conciencia, es un armado particular, pero también general. Cada país tiene sus marcas de identidad, y cada región dentro de cada país también las tiene, pero a la vez,  visto a la distancia esas fronteras tienden a desaparecer, a borrarse y a marcar un solo territorio, como tanto se está peleando ahora por la construcción de la Patria Grande.

Hay en tu libro una constante que es presentar históricamente algún conflicto, una crisis social y ver como se articuló ese conflicto dentro de las distintas narrativas en un país. Esta elección narrativa permite además al lector enterarse de la existencia de esos conflictos, además de la cuestión cinematográfica. ¿Por qué elegiste este modelo de construcción de tus artículos?

Porque soy un apasionado de la historia. Conjugo dos grandes pasiones que son la historia de América Latina por un lado y el cine por el otro. El resultado era obvio para mí. Hay infinidades de procesos que describo en el libro de los que yo fui aprendiendo a partir de la intención de escribir ciertos artículos. Empecé a leer, a buscar material, a buscar películas, que me permitieran construir el material que finalmente presento. Y por eso dejé afuera a las cinematografías de Argentina, México y Cuba, para dar espacio de pronto al cine caribeño, al cine centroamericano del cual se sabe muy poco y actualmente hay mucha producción, al cine de los chicanos, que son los mexicanos que han quedado “atrapados” en EEUU. Hay mucha gente que no sabe que aun cuando el México que vemos en el mapa es extenso, hay otro país atrapado por diferentes guerras y tratados espurios en el siglo XIX se le ha ido robando a los mexicanos. El cine chicano responde a la tradición, como ellos mismos dicen, a la raza. Lo dicen con mucho orgullo, de la raza hispana, de nuestra raza, de los latinoamericanos. De allí no se ha hecho solo un cine, sino también un teatro y una literatura, todo ello escrito en castellano.

A propósito de la frase de Román Chalbaud: “Este libro servirá para descubrir, una vez más, el cine latinoamericano. Nos hará conocer, conocernos, obligándonos a entender que somos nosotros los culpables de este desconocimiento mutuo” ¿qué pensas a propósito de esta idea de  descubrir una vez más este cine latinoamericano?

Es a lo que yo invito desde el prólogo, al acercamiento y la búsqueda del cine latinoamericano. A enterarnos que hay grandísimos directores. Lamentablemente incluso hay colegas críticos de cine, en charlas de café, demuestran desconocer por ejemplo de la existencia del cine boliviano. No saben que en Bolivia hay un señor que es un animal cinematográfico que es Jorge Sanjinés, que desde los años ’60 viene construyendo un relato cinematográfico apasionante. Que construyó no solo una estética, sino una filosofía profunda en su mirada. En los planos de Sanjinés vamos a encontrar esa mirada que responde a los pueblos indígenas, al modo en que miran esos hombres. Él incorporó esa mirada. No hay primeros planos en el cine de Sanjinés, pero no por un delirio estético. Sino porque el hombre boliviano original no mira individualmente, mira en comunidad. No es yo, somos nosotros. Y Sanjinés no es del todo reconocido en gran cantidad de medios, que sin embargo les gusta mirar cine coreano, por ejemplo, pero al cine boliviano no le dan espacio. Sanjinés, por dar un ejemplo de un cineasta que aún hoy sigue construyendo un cine vital y un relato cinematográfico actual, pasa por aquí sin pena ni gloria.

Hay que reconocer que en las escuelas de cine, en la universidad, en los muchos sitios de formación en cine que hay en nuestro país no se trabaja mucho con los alumnos ni con las películas latinoamericanas, ni con los muchos textos teóricos que se produjeron en la región.

Es cierto. Es necesario que se vea lo que hay, lo que ya se hizo. El cine latinoamericano es el que siempre está siendo el nuevo cine latinoamericano. Es probable que a algún joven se le ocurra un día hacer “Ladrones de bicicletas” y no sepa que ya la hizo De Sica. Solo les cuento una cosa, cuando le dije a Arturo Ripstein, cineasta mexicano de gran renombre que había en nuestro país 15000 estudiantes de cine, él me contestó: “No hay esa cantidad de espectadores para mis películas”. Creo que con eso te digo todo.

El reportaje aquí reproducido fue realizado por Carlos Prado y Daniel Cholakian para el programa Bajo el volcán, que se emite por FM La Tribu los días jueves de 18 a 19 hs
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