Del eterno invierno del universo

Al comlasospechadurrenmattisario Bärlach le queda poco tiempo de vida. Pasa sus días en la cama del hospital en Berna recuperándose de un accidente. A su sedentarismo impuesto se le suma la predecible noticia de que anunciarán su retiro, anulando así toda posibilidad de que el destino ceda a sus deseos y le permita seguir ejerciendo su oficio de criminalista. Su perspectiva de vida es nula, o extremadamente insípida, lo cual es aún peor. Aparte de tomar sopa de avena, mantiene largas conversaciones con Hungertobel, su médico, quien guarda por él un cariño de viejos amigos y con paciencia atiende su delirante imaginación y constante formulación de teorías conspirativas, mientras fuman en secreto unos Little Rose of Sumatra en la habitación del enfermo.

Esta monotonía se ve interrumpida por un descubrimiento que despierta en Bärlach toda la avidez de su espíritu detectivesco: una fotografía en la revista LIFE que denuncia actividades extremadamente inhumanas ejecutadas por un médico en un campo de concentración durante la guerra, el Doctor Nehle, quien operaba a sus víctimas sin anestesia. Al observar la fotografía junto a su compañero de tabaco, Bärlach descubre que Nehle, de quien se decía había muerto en el ‘45 en Hamburgo, guardaba un parecido sospechoso y perturbador con el Doctor Emmenberger, dueño de un hospital para millonarios en Zurich.

Este punto de partida deriva en múltiples hipótesis y sospechas que llevarán a lo largo de la trama al personaje protagónico a realizar acciones en pos de desenmascarar al Doctor, adentrándose así en un mundo tan atroz como inimaginable.

Al laberinto que recorre Bärlach se incorporan personajes extraordinarios y excéntricos que son, en gran parte, representantes de la realidad de la Suiza de posguerra, como Gulliver, cuya existencia es postal de un mundo que se las ingenia para renacer después de la ruina, un hombre que es cadáver y se declara muerto y sólo aparece en la oscuridad, el Enano -de menos de ochenta centímetros- que es utilizado para las más atroces misiones y Fortschig, un militante del Bund que insiste en publicar su revista independiente aunque sabe ya que nadie la lee.

Así aparece el mundo que habita esta historia, como una selva en la que sólo sobrevive el más cruel, donde la lucha entre los oprimidos y los poderosos olvidó los códigos y leyes mucho antes de que un policía criminalista pudiera tener esperanza alguna en la humanidad. Es en este marco en el que el comisario Bärlach intenta operar con una racionalidad casi tierna pero ingenua. Y en el país de los relojes, él está a contrarreloj: los días pasan y la muerte, inminente, avanza.

Escrita en 1952 en Suiza por Friedrich Dürrenmatt, reconocido novelista de policiales, La Sospecha construye imágenes de la germania derrumbada de ese entonces cuyos habitantes abatidos resisten desde la fe, o desde el nihilismo, o desde el dolor, según les haya tocado, y cuya misión para con el mundo ya no es salvarlo sino hacerle frente. Judíos, enanos, comunistas, gigantes, analfabetos, policías, científicos: todos se oponen en la historia determinados por su ser social, luchando, sin tener registro de ello, contra el mismo fantasma. El tiempo. Lo cual hace pensar que tal vez La Sospecha sea más actual de lo que parece.

 Lucía Cholakian Herrera
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