Violencia y vitalidad

tapadesvioDesvío comienza casi brutalmente.

La brutalidad no necesariamente tiene que ver solo con la violencia interna del relato, sino con la aparición abrupta de un autor. Se nos presenta como si viniera a decir “tengo una palabra”. La primera persona en la que habla Nicolás, podría ser la irrupción del habla de Juan Francisco Moretti, una manera literaria de hacerse presente. En ese gesto permite al lector encontrar simultáneamente el plano del relato, como el de una voz que aparece por primera vez e irrumpe despertando(se) con el texto.

Desvío comienza como una novela negra en el mejor de los sentidos. Las tres primeras páginas recorren una tradición que emparenta el texto con un bar en cualquier suburbio nuyorquino tanto como con el policial negro post peronista de nuestro país. Y lo hace –valga la redundancia- con un gesto personal en el texto. Nicolás no es, ni será, aquel desangelado a quien se le impone de un golpe el rol de justiciero. Ni el antihéroe que asume un rol para el que no fue llamado a este mundo. Pero eso lo sabremos recién hacia el final. Que lejos está de ser un final anunciado.

Y si es cierto que comienza como una novela negra, luego cruza cierto llamado al relato fantástico –la irrupción de un modo en el que surge lo inverosímil real- y al más impecable naturalismo. Nicolás trabaja en Desvío un bar marginal pero no tanto, desahuciado comercialmente, habitado por clientes / amigos. Atiende allí casi de casualidad, después de una serie de eventos desafortunados, que incluyen la rotura de su teléfono, que lo conectaba raramente con un mundo.

Arbitrariamente podemos pensar que entre la aparición de la violencia física y la rotura de su principal medio de relación con un mundo –un mundo como cualquier otro en el que Nicolás podría haber vivido- hay un vínculo clave: ambos sucesos son las llaves del pasaje a otro mundo.

Así como los raros neonazis porteños que se la toman con él continúan sus ataques contra el bar y quienes lo habitan, la ciudad se convierte en una extraña zona de violencia. La vida se convierte así en un extraño espacio amenazante, ante el cual, sorprendentemente Nicolás parece adaptarse con una facilidad sorprendente. Este nuevo mundo está muy lejos de ser pesadillesco o amenazante.

La violencia que sucede inexorablemente en el camino de Nicolás es de un orden casi cósmico. Un fluir de sucesos violentos que no tienen razón alguna y que ni él ni el autor pretenden explicar. Lo social violento no es parte de un orden social. La violencia es una extraña forma de organización de lo vital, un recurso de producción de lo humano, demasiado humano, que es la vida  del protagonista.

¿Es acaso resignación el modo en que Nicolás asume el nuevo mundo en el que vive? Poco importa contestarlo. Moretti conoce perfectamente los recursos narrativos y estilísticos, y apropiándose de ellos, la trama circula por diferentes momentos hacia un final que resignifica desde otra perspectiva todo el relato. La novela da cuenta de un recorte particular en una trayectoria mayor, del momento efímero o significativo en el cual el recorrido de la historia personal hace un recodo. Entre esos mundos posibles que visiten los recorridos vitales, se sucede esta historia.

Violencia y vitalidad, momentos, mundos diversos. Desvíos.

Desvio – Juan Francisco Moretti – Milena Caserola – Buenos Aires – Noviembre 2014

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