El placer en código binario

             encue                                    

“Mira, la frontera entre el hospital y el mundo exterior no es tan definida como tu supones.” Caballo

“Encuentro secreto” es como en el mundo de la novela de Kobo Abe se denomina a los escapes del hospital de los pacientes internados en él para pasar tiempo con sus amantes.

Por hospital en esta nota nos referimos al laberíntico y cuasi surrealista lugar en el que el hombre, con un ritmo un tanto alarmante busca a esposa, quien fue trasladada sin razón alguna en ambulancia hacia la institución una noche cualquiera, desapareciendo así entre las telas de un mundo indescifrable y extraño para el protagonista que se determina a recuperarla. Por alguna razón inexplicable -bueno, quizá no tanto-, el hospital es mitad institución de salud mitad shopping, y en él, con un objetivo que se devela hacia la mitad de la novela, todo sonido está registrado en cintas de cassette que servirán como lo que luego reconstruye la historia del protagonista, desgrabadas por él mismo.

En la obra hay un hombre y una esposa, también hay un caballo, una niña menor de edad cuya noción de placer está absolutamente distorsionada por el cinismo de sus mayores, también vigilantes cómplices, y en el hospital surrealista que construye Kobo Abe la perversión se respira como oxígeno, la conducta es animalesca y las relaciones humanas se organizan sólo a partir de una premisa hedonista e individual.

La novela puede leerse en clave apocalíptica, en la que la ya límite objetivación de los sujetos lleva a una percepción de lo propio como un relato ajeno: una alienación tal que provoca la pérdida de nombres e identidades. Es por esto que la historia es contada por el protagonista en tercera persona, aunque por momentos pierde el hilo de ese código y cambia a primera persona, ya que, al parecer, en toda esa maquinaria aún late un sujeto aguarda su renacer.

La conducta animalesca de los personajes está basada en un retorno a lo natural en oposición a la búsqueda de un código de comportamiento socialmente instaurado (y errático). En consecuencia, la desmaterialización de lo sexual acarrea al amor consigo, dejando frente al que desea un vacío sólo rellenable con estímulos artificiales.

Es así como los actos sexuales se codifican en unos y ceros, dejando que el cinismo devore todo y el placer se articule, en una sociedad violada, sólo sintéticamente.

En este ecosistema las relaciones humanas se organizan entonces a partir de una premisa polémica que, más allá de lo anecdótico de lo ficcional, propone una reflexión y crítica a nivel social en un mundo crecientemente deshumanizado.

Kobo Abe, reconocido por su pasado como dramaturgo marxista y por su aire kafkiano, propone en Encuentros Secretos un mundo que asusta y desconcierta, que alberga una fuerte crítica al sistema de salud japonés y también vaticina un panorama poco alentador para las sociedades cuyos sujetos dependen crecientemente de su enajenación y la de los demás para que se produzca el placer. 

Encuentros Secretos, Kobo Abe, Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2014


Por Lucía Cholakian Herrera

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