Fiesta de disfraces

All incluallinclusivesive // Roberto Gárriz

En un tono hilarante, sin pretensiones de expresar solemnidad de ningún tipo y  recordando por momentos el “realismo mágico” de García Márquez, Roberto Gárriz escribe sobre las peripecias de Arnulfo, trabajador de un lujoso hotel que de repente abandona su vida de negro y comienza a volverse más y más blanco. Por momentos el  desarrollo de la novela parece tornarse lento, con caracterizaciones superficiales de los personajes, sin ofrecer mucho más que una escritura entretenida y llena de humor; todo esto decantará luego, a través de la descripción de situaciones aparentemente triviales, en una vivisección del entramado social y los lugares que tan firmemente detentan los sujetos en éste. Todo ello mediante escenas casi cinematográficas o, mejor dicho, planos detalle: se muestran los ademanes que dan cuenta cabalmente de la intenciones en cada situación; expresiones simuladas que, acompañadas por una voz en off y un primer plano, indicarían la contradicción entre lo que se hace y lo que se piensa. Como cuando un alumno actúa una expresión de atención mirando a los ojos a su profesor y, al mismo tiempo en su interior, aguanta un bostezo. Detalles de este cariz muestran los pequeños escapes furtivos de la rutina laboral de los empleados del hotel, sus mañas y artilugios, que no cambian su realidad pero la hacen más amena. Se devela así el detrás de escena de un lugar hecho para el comfort y el relax (desde el lugar del turista), pero desde la monotonía y la burocratización cronometrada que los anfitriones sienten y viven.

Si de algo habla All inclusive es de las apariencias, de las primeras impresiones y de lo que se percibe a simple vista. Esos estereotipos que tan bien siguen funcionando hoy en día, gracias a los cuales no hace falta esforzarse en indagar sobre qué hay debajo de un uniforme o detrás de una piel oscura de tanto trabajar bajo el sol; pues lo que se ve es lo que es: lo que, en definitiva, debe ser. Sobre esta premisa, Arnulfo, narrador y protagonista, pasa de ser empleado en la cocina de un hotel del Caribe a convertirse en Capitán de la Armada Imperial Astrohúngara. Gárriz construye un personaje que, no conforme con su ascendente carrera artística, se queda con el uniforme militar después de terminar su actuación, y es creíble para todos. Arnulfo se cree el personaje porque todos le creen.

Pero en realidad el protagonista, el personaje, se construye sólo. Sin querer. No se trata de introspección ni de principios, el narrador en primera persona simplemente cuenta y describe lo que sucede a su alrededor y cómo actúa, cómo reacciona ante ello. Si bien tiene un objetivo (resolver el misterio del “Monstruo del Mar”), no por cumplir su cometido deja de lado las distracciones. Es más, en una burla hacia los héroes abnegados, a los mártires, Arnulfo no renuncia a sus necesidades básicas: tiene que comer y dormir, ninguna meta pareciera valer tanto la pena como para ocuparse con exclusividad en ella. La mutación hacia el Capitán de la Armada Astrohúngara no es buscada, no existen los méritos para- llegar-a-ser. Más bien son las respuestas de los otros frente a lo que ven de distinto y de nuevo en el protagonista (y las reacciones de éste hacia el nuevo trato que recibe) lo que construye el cambio. No hay dominio sobre el devenir, el destino parece ser ineluctable. Tampoco existe iniciativa alguna, es de la pura interacción de Arnulfo con su entorno y su adaptación camaleónica de lo que surge el desarrollo de la historia.

Gárriz muestra cómo se ven los sujetos; algunos ven a los otros como aquellos a los que hay que servir, y otros ven al resto como esos que les sirven. Hace pensar, también, de ser posible y tan fácil como ponerse un disfraz y convertirse en lo que este atuendo convierte, en cuán fácil es olvidar lo que se fue para pasar a ser lo que se es. En qué difícil resulta a veces ponerse en el lugar del otro, porque nunca se entiende del todo lo que es el otro. Se cuestiona e interpela al lector: Si se pudiese cambiar el aspecto y la clase social por arte de magia, ser completamente otro, ¿podría la subjetividad, supuestamente arraigada con firmeza, mantenerse y no caer en la tentación y comodidad de ceder ante las reacciones y/o demandas externas que esta nueva investidura requiere? ¿Es fácil no creerse el personaje ni un poco? A esta pregunta intenta responder All Inclusive.

All inclusive – Roberto Gárriz – El Zorzal – Buenos Aires 2015

Por Rodrigo Vega Pinto

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