Felisberto Hernández Ilustrado: La repentina ampliación de una obra fundamental

Felisberto Hernández Ilustrado // Milena Caserola – La Libre

Querido lector ideal: supongamos que usted ya leyó la obra de Felisberto Hernández, o que al menos goza de cierta interiorización con la noble causa estética que guió las líneas del autor uruguayo. Si es el caso, la noticia de que las editoriales de la librería La Libre y Milena Caserola co-editaron un grupo de textos inéditos que, junto con otros textos anteriormente editados, conforman este nuevo compendio “Felisberto Hernández Ilustrado” lo hará abandonar cualquier actividad o lectura que le esté consumiendo las horas para abordar este acontecimiento literario.

En el caso de que el nombre de este escritor uruguayo nacido en 1902 no le diga nada, podríamos describir su obra de modo breve (displicentemente breve) como un compendio de narraciones en donde el ritmo poético y musical alterna con un registro onírico y fantástico. Guiado por el recuerdo que cataliza la deformación, sugiriendo la convivencia de órdenes o registros como lo real, lo fantástico, lo onírico y hasta lo satírico, el narrador suele profundizar en el hedonismo y otras características del hombre, dándole progresivamente forma a una autoreflexión transmitida con un pulso misterioso, cínico y mordaz. En sus cuentos, Felisberto buceaba los vicios, la hipocresía y hasta la belleza de un común de mortales que, aunque inscriptos en un orden dominado por lo improbable, constituían una instantánea de época inigualable, habitada por un bestiario de autómatas, objetos y sujetos misteriosos y laterales.

La edición incluye, además de los textos editados e inéditos, una serie de 30 ilustraciones del artista uruguayo Diego Bonilla. En la serie, el artista recorre los tópicos de la obra, centrando el eje narrativo (los dibujos parecieran narrar una historia paralela, que en cierto punto es la misma que la referida) en el cuerpo humano. Es curioso el hecho de que en los 30 dibujos, en donde las luces y las sombras parecen variar sus matices dependiendo de la gravedad de lo contado o descripto en los textos, hay figuras humanas enfocadas a través de distintos planos. Y no es casual que abordemos este desfile de perspectivas con terminología cinematográfica: con un ritmo de montaje desparejo y hasta por momentos tan profundamente misterioso que angustia, la serie de imágenes acompaña el texto, brindando una plataforma de lectura más que identifica a su serie análoga con un sistema de referencia pictórico, y por lo tanto exige una lectura más atenta.

Por lo original y extrañamente coherente, el sistema literario de Felisberto parece responder a un programa meticulosamente armado. Es por eso que la irrupción de un texto nuevo genera la necesidad de repensar la obra completa si queremos asir el proyecto estético del autor en su totalidad. O, en todo caso, la publicación de estos textos (que durante años reposaron, inéditos, en una carpeta) inevitablemente arroja una nueva luz sobre la totalidad que la antecede. Algo parecido a lo que sucedió hace un par de años con la noticia de que se había encontrado una voluminosa masa textual de Salinger, uno de los más trascendentes escritores estadounidenses. Con las alarmas encendidas, algunos críticos entendieron que, de ver la luz esos textos, el recorrido crítico de la obra del autor de la saga de los Glass cobraría nuevos sentidos y dimensiones. Aún no hay noticias de esa publicación, con lo cual podemos imaginar las trabas legales que impiden que nosotros, lectores, accedamos a lo que completaría (en principio) la obra de un autor fundamental.

Pero Milena Caserola y La Libre tuvieron la suerte de que este autor perteneció a una época en que el copyright no amparaba, y apenas se encontraron los textos inéditos, tomaron una de las decisiones editoriales más acertadas del año y materializaron un texto que bien podría ser una novela, o un compendio de fragmentos cruzados por los aspectos más característicos de Felisberto: una pormenorizada caracterización de los sueños, un desfile de personajes encantadores y tan fugaces como eternos y hasta a veces arquetípicos y una nostalgia reflexiva. Responsable de una ambigüedad por momentos desesperante, el yo lírico al que el lector se ve por momentos tentado de confundir con el propio Felisberto Hernández puede mostrarse misántropo y fóbico a la soledad en el mismo párrafo, todo sea por ejecutar la función de abarcar las complejas aristas de su diversa personalidad, compuesta a su vez de múltiples sentimientos y comportamientos. Es así que la alegría, la pereza, el dolor, el tiempo, la soledad, el amor y un amplio etcétera se materializan junto al yo lírico que va contando, a modo de confesión, un meticuloso recorrido por distintas sensaciones que le van sucediendo.

Con lo cual, querido lector ideal, que esto no quede entre nosotros: una obra de importancia posiblemente canónica ha visto la luz, y dos editoriales independientes se encargaron de hacerla objeto. Asique andá, corré la voz, dejá de ser una mera idea y canjeá una recomendación de lectura por un consejo más ventajoso o una cena con velitas.

Felisberto Hernández Ilustrado – Milena Caserola y La Libre – Buenos Aires – 2016


Por Pierre Froidevaux
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