Vicente Muleiro, escritor argentino: “Es muy importante recuperar a Rodolfo Walsh”

Por Tomás Peralta, Elías Alejandro Fernández y Lucía Cholakian Herrera

A fines del marzo pasado, se cumplió un aniversario más de la última dictadura cívico militar de 1976. Este año también se conmemoraron los 40 años del secuestro, asesinato y desaparición del periodista y escritor argentino Rodolfo Walsh el 24 de marzo de 1977, un día después de la publicación de su Carta Abierta a la Junta Militar, uno de los documentos políticos más fundamentales de la historia nacional.

En este contexto de reflexiones sobre el oficio de comunicar, conversamos con Vicente Muleiro, comunicador de larga data y oficio quien fuera –entre otras cosas- director periodístico de Télam y secretario de redacción en DyN (Diarios y Noticias) y ANSA (la Agencia Nacional de Prensa Asociada de Italia), así como subdirector de Radio Nacional.

Muleiro acaba de lanzar su antología poética personal, “El maratonista”, y recientemente se retiró de la profesión periodística para ingresar (como gusta él mismo de mencionar en forma irónica) al “Club del Pami”. Pero lejos de abandonar la actividad, parece abocado más que nunca a su faceta literaria. Vicente es un escritor multifacético. Su obra es un entramado de géneros que se enhebran y se experimentan entre sí. Poeta, novelista, dramaturgo, ensayista e investigador de la historia argentina. Aún los textos más ficcionales o poéticos tienen los pies metidos en la historia Argentina, en sus personajes y el expolio de su pueblo.

Una charla entre mates e intrigas por el futuro de la comunicación social en nuestro país, sazonada con la figura de Walsh más presente que nunca.

MCL: ¿Cómo fue que empezaste a escribir?

VM: Mi primer libro fue de poesía, que salió en el 68, pero mi primer relación fue con la poesía tiene como génesis una relación con el lenguaje, que después se extiende hasta la manera de ganarme el mango. Pero mi relación fuerte con la palabra y con los distintos oficios de la palabra fue a partir de la lectura de poesía y sobre todo a partir de la lectura de poesía argentina.

MCL: En ese sentido, en tu obra en general está muy presente la herencia de la poesía argentina y latinoamericana. ¿De qué manera te encontraste con ellas?

VM: A los 17 años me encontré con un libro que se llamaba Los Nuevos, que salio en el ‘55. Y “los nuevos” eran Rodolfo Walsh, Abelardo Castillo, Nestor Sanchez, Amalia Yamili, entre los narradores, seguramente, y entre los poetas Francisco Madariaga, Juan Gelman, Gustavo Aguirre, Alejandra Pizarnik y yo venía con una atracción por el lenguaje que venía de mi infancia. Y además, en ese tiempo, se produjo el boom de la literatura latinoamericana, con Cien Años de Soledad, Rayuela, novelas de Alejo Carpentier, otro pelotón más atrás donde venían tipos como Onetti, Borges.

MCL: Además de la literatura argentina, en tu trabajo también hay una fuerte presencia de historia argentina, en “Sangre al Viento” por ejemplo. Ese juego entre el pasado y el presente. ¿Es la historia argentina un elemento constante en tu obra?

VM: Es un cruce generacional, digamos. Mi primer cruce con la política es cultura y política. Es la literatura casi funcional a los proyectos político-sociales. La poesía como canto cívico: la épica de la revolución cubana, los distintos movimientos revolucionarios de américa latina y la literatura acompañando todo eso. Hasta el punto que produjo demasiadas deformaciones.

MCL.: ¿En qué sentido deformaciones?

VM.: En el sentido de verla como demasiado funcional y de no prestar atención a lo pertinente a la literatura. Y después tuve una etapa de más formación, más formalista, derivada por el repliegue de la dictadura. Pero le pase a prestar atención a la especificidad de lo literario y un revisar eso de la literatura como funcional a un proyecto político. Ese es un núcleo de formación con el que discuto, me distancio, pero se mantiene siempre. Y el interés por la historia argentina y por la política es absolutamente formativo. En mí, van juntos escribir y militar o prestar atención a los movimientos políticos.

MCL. ¿Cómo fue publicar un poemario y la dictadura?

VM.: Bueno, el poemario de la dictadura es un poemario de repliegue. “Para alguien en el mundo estamos lejos”, ya desde el título se marca la omnipresencia de una distancia, ¿no? En pleno retroceso de un “nosotros” posible. Es un libro que vos no lo vas a ver como especialmente ideologizado pero que tiene todo ese clima de que hay algo que se ha corroído. Estábamos en pleno retroceso de algo que estaba entre la adolescencia y la primera juventud, proyectos que eran abarcadores, proyectos que tenían variables concretas, y todo eso no estaba solamente derrotado sino masacrado.

MCL: Pensando la capacidad de la poesía para hablar de esto, en su libro “Los Garcas: una tipología”, ¿cómo encontrás en el lenguaje popular una categoría para pensar la historia nacional y universal? ¿qué valor pensás que hay en el lenguaje popular o cotidiano?

VM.: Bueno, el lenguaje cotidiano de la tribu a la que uno pertenece tiene hallazgos que de repente son rescatados por la poesía. La lengua se renueva incluso a partir de sus errores. Y en el caso de Los Garcas es muy impresionante ver cómo ese, digamos, apócope invertido, oligarcas y el ver y el revés de “cagador”, garca, se juntan para armar una nueva palabra que tiene además circulación popular. Lo que hicimos con mi hermano Hugo fue rescatarlo y tratar de definirlo, y definir la categoría en la Argentina.      

MCL: En cuanto al juego de lenguaje que tiene la poesía, se puede percibir también en tu obra una inquietud de ir a otros géneros y experimentar con otras formas, de hecho la obra teatral  “Vidé/la parte móvil” está cimentada sobre unos recursos que funcionan de forma simbólica para poder hablar de la idiosincrasia de Videla. ¿A qué obedece en sí y cómo lo relacionás con tu oficio de escritor esta búsqueda de nuevos géneros y formas?

VM: El entusiasmo. He sido un espectador de teatro muy consecuente desde muy chico, siempre me interesó. Me interesan todos los distintos géneros y me interesa que estén atravesados por la búsqueda del lenguaje y la palabra poética.

MCL: En la diversidad de tu obra aparecen colaboraciones con referentes de los géneros (María Seoane en el periodismo y Norman Briski en el teatro, por ejemplo). ¿Cómo fue la experiencia, teniendo en cuenta tu recorrido por la cultura y la política, por ejemplo, del trabajo con alguien como Briski?

VM: Mi encuentro con él fue una suerte en mi vida, que además fue simplemente así: yo le había hecho una nota alguna vez, él ni se acordaba de mí y yo le llevé la obra. Se la mandé y me hizo algunas correcciones muy útiles y me dijo, “bueno, la hacemos”. El tipo se la jugó. Y tenemos tensiones políticas, él va por otra cuerda que es muy respetable. Y también tenemos acuerdos, hay cosas en las que concordamos en lo que queremos para la sociedad y nos diferenciamos en el cómo, o en ciertas perspectivas ideológicas. Ese encuentro fue sumamente creativo. Nos bancamos las tensiones. Y vamos para adelante, ya estamos con otro proyecto escrito entre los dos, que ya se está ensayando.

MCL: Con el cambio de gobierno y teniendo en cuenta que toda tu carrera estuvo enmarcada en la militancia cultural, ¿qué sentís que cambió en este último período?

VM: Estamos viviendo una restauración conservadora y con un tremendo retroceso económico, un retroceso que implica una masacre planificada sobre los sectores populares. Este proyecto necesita desdibujar la identidad cultural de nuestra sociedad, cuenta con la variante de que no tengamos identidad: que nos des-identifiquemos. Por eso es muy importante recuperar a Rodolfo Walsh, acompañar al movimiento docente: no se puede aspirar a ser una sociedad neocolonial como ellos quieren sin cortarnos culturalmente las piernas, y están decididos a hacerlo. Esta política tiene algunos enganches notorios con la política de los 90, con la dictadura, con los golpes de los 60 y con la revolución libertadora. Sin dudas, yo veo una relación hasta en el lenguaje: el discurso económico me hace acordar muchísimo a mi infancia, a Alsogaray, a la “culpa de lo anterior”, son figuras retóricas que se repiten.

MCL: La generación jóven de hoy creció con ciertos derechos asegurados y al día de hoy, siendo comunicólogos o periodistas, se encuentra ante una situación que tu generación vivió y que los escritores y periodistas de esa época resolvieron como se pudo en el marco de la historia de ese momento. ¿Cómo te imaginarías que deberían encarar esta situación quienes hoy siguen el camino que ustedes estaban haciendo en el 76, 78?

VM: Mirá, yo inclusive como periodista viví épocas de repliegue cultural muy fuerte, por una cuestión de supervivencia y de que no había otros espacios para laburar. Me las tuve que arreglar y fui igual desarrollando mi cultura alternativa paralelamente. Por ejemplo el caso de tener que ganarme el mango en los medios. He laburado en medios que no me gustaban pero bueno, tenía que laburar y yo quería laburar en medios. Igual yo siempre tuve la idea de que la solución no era mía, personal. Tenía que ver con el destino político de la sociedad, y en ese sentido me tenía que insertar cultural o políticamente en esos lugares que peleaban por otra cosa. Eso es inevitable. Después está el tema de que como comunicadores hay que salir a ganarse el mango, y hay los medios que hay. Eso es una ecuación que yo la viví, y no puedo decir que la resolví siempre bien. Yo quería laburar en medios. Y si, había algo narcisístico en eso, lo asumo. Qué lindo hubiera sido salvarme de ciertas cosas. Pero no hay consejos para esto. Hay la realidad y hay que vérselas con ella.

MCL: Teniendo en cuenta la recuperación de Walsh por estos días, a propósito de los 40 años de su secuestro y desaparición, ¿desde qué lugar pensás vos que escribiría Walsh con todo esto? ¿Dónde se posicionaría con ese oficio de contrainformación en este panorama tan complejo de periodismo digital?

VM: Qué buena pregunta. Yo creo que Walsh, que tenía una gran consciencia del comunicar trataría de romper con algo que hicimos nosotros, los que defendimos cierto proyecto, o los que están más a la izquierda y defienden cierto proyecto y merecen todo mi respeto. Trataría de comunicar más allá que para su propio mundo endógeno. Más allá que para los del palo. El gran problema de la comunicación del kirchnerismo fue no comunicar para más allá de los del palo. Digamos: hubo charlas, hubo debates, hubo pensamientos, no se pudo resolver ese tema. No pasaba por tinellizar el proyecto nacional, democrático y popular. Obviamente que no pasaba por ahí. Pero tampoco pasaba por publicar una columna de opinión muy interesante que sólo era para mí y los que son como yo. Y ojo que ese es un lugar muy respetable y es necesario, como es necesario el lugar de la academia, que de repente desde ahí bajan ciertas cosas.

Pero digamos: hacer un puente para una comunicación popular, en el que esté presente el nivel ideológico y la comunicación popular. A mí se me ocurre que Walsh estaría pensando eso. No sé si es fácil de resolver. Pero sin duda que fue una limitación nuestra y que lo sigue siendo, porque se me viene lo que pasó en  Olavarría, se viene el discurso de Macri sobre los docentes o su balbuceo con Mirtha Legrand. Y yo leo las columnas de nuestra gente y digo “qué bárbaro, está muy bien, está muy bien pensado” pero no veo que eso me genere un puente de comunicación que contribuya a hacer crecer una masa crítica. Y yo pienso que ahí es donde entraría Rodolfo Walsh pensando qué hacer en una etapa donde la comunicación popular no es clandestina -y ojalá que no lo sea-. Corre con desventaja, eso seguro. Pero la comunicación popular no es clandestina, hay que pensar maneras más allá inclusive de la red a la que veo también como… vos ves facebook después de uno de los habituales furcios del presidente y son comentarios al pie de la derrota, al final. Nosotros nos cagamos de risa entre nosotros, hay humor… Pero hay algo que no está todavía en juego en el ámbito de la comunicación.

MCL: Por último: ¿Cuál creerías que es hoy por hoy esa limitación que habría que superar?

VM: Desde nuestro lugar, el inmenso esfuerzo por apropiarnos de las nuevas herramientas tecnológicas por un lado y por otro lado el esfuerzo de buscar una voz donde no se renuncie la inteligencia y no se renuncie la transparencia comunicativa de modo tal que podamos contribuir a la formación y la participación de una masa crítica más interesante que la actual apra que no nos ganen batallas culturales como la que derivó en el resultado electoral de 2015.

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