El derecho a olvidar

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Viaje al fin de la memoria // Gastón García Marinozzi

El encuadre

Voy a partir. Soy periodista, está cambiando el mundo y eso debe importarle a la gente.

Así como el 11 de septiembre permite evocar percepciones diferentes según se trate de Argentina o Chile –el día del maestro o el derrocamiento y asesinato de Allende- el sintético 11/S remite, inequívocamente, al atentado a las Torres Gemelas en 2001. Esta última fecha vertebra esta novela de García Merozzi, narrador y periodista argentino afincado en México.

 

La novela cuenta el viaje que emprenden el periodista Mario Palmero y dos fotógrafos desde México a Nueva York para cubrir el atentado; periplo que, debido a los vuelos cancelados, deben hacer en auto. Durante esos tres días, el protagonista recuerda su origen argentino, el exilio de sus padres y su infancia mexicana; pero además, sutilmente, se permite olvidar.

 

I forgot to remember to forget

Desde aquí veo que va a empezar el noticiero, pero el empleado del hotel va y lo cambia.

Ni la dictadura del ‘76 – y sus consecuentes exilios- ni los femicidios en México, ni los atentados islámicos se dilucidan por completo. El narrador tiene la virtud, casi antiargentina, de no pretender explicarlo todo. La historia, o su epidermis fáctica, pareciera quedar explicada a partir de imágenes de la tele, formato construido desde lo obvio y obtuso. Sin embargo, el narrador comprende que el origen y el porqué de las historias no son tan fáciles de desentrañar y deja, al menos, constancia de su perplejidad y búsqueda.

 

A lo largo del relato aparecen, con recurrencia fantasmal, las pantallas de televisión. Aparecen en bares, casas, aeropuertos. La historia en bruto, sin editar, como sinónimo de verdad; pero en el relato asoman, asimismo, los entretelones del criterio espontáneo: las niñas descuartizadas en México, según el jefe de redacción, no interesan a nadie.

 

Fuera de foco

 Somos el resultado de nuestras guerras y nuestros muertos (…) Estamos hechos de aquello de lo que escapamos. Nos pasamos la vida sobreviviendo y contando los muertos.
Cuando luego de peripecias y raccontos que insumen los tres días en que transcurre la novela, el fotógrafo y el periodista llegan a Nueva York, al Ground Zero, una llamada informa al protagonista de que ha muerto su madre. En medio del obligatorio foco de atención global, brota el dolor íntimo y silencioso: no estará televisado, pero no cabe duda -para el lector- que también existe.

Los conocidos –y aquí pertinentes- versos de Benedetti me eximen de pergeñar una conclusión propia:

“El olvido está tan lleno de memoria/ que a veces no caben las remembranzas/ y hay que tirar rencores por la borda/ en el fondo el olvido es un gran simulacro/ nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar”

Viaje al fin de la memoria – Gastón García Marinozzi – Tusquets – 2015


por IGNACIO VÁZQUEZ

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