Amor y anarquismo

tapa Fernandez Cordero

Amor y anarquismo // Laura Fernández Cordero

Hay una mirada peyorativa sobre la producción feminista”

El pasado jueves 26 de octubre se presentó “Amor y anarquismo”, ensayo de Laura Fernández Cordero publicado por Siglo Veintiuno Editores donde la autora revisa los debates de la prensa libertaria durante el período dorado del anarquismo -entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. El libro, edificado sobre la tesis con que Fernández Cordero obtuvo su doctorado, plantea una excelente ocasión para analizar un presente de encuentros y desencuentros entre izquierdas y feminismos cada vez más plurales en el marco de las discusiones en materia de teoría queer, violencia de género, identidad sexual y participación de la mujer en la militanciaConversamos con ella sobre el libro, el proceso de investigación y la actualidad del feminismo.

¿Cuáles creés que son las principales brechas o disonancias entre los feminismos y las izquierdas?

Qué pregunta. Ahí hay todo un tema. Empecemos por el anarquismo. Las anarquistas no se decían feministas. Por más que nosotros hablamos -o hay autoras que hablan- de un anarco feminismo. Porque vos las leés desde hoy y son re feministas, dicen cosas muy disruptivas. En esa época, 1890, donde el término “feminismo” incluso está llegando a la argentina, el feminismo es visto como una corriente política que busca derechos políticos. Busca el voto, busca derechos civiles para las mujeres, y el anarquismo justamente está en desacuerdo con fortalecer el sistema electoral. Además en un país donde no estaba todavía instalado y después se instala solo para los varones. Así que en principio pasa esto. No son feministas. Se usó el término “centro femenino”, “centro femenistas”, pero después se abandonó, tal es así que en los 20 las anarquistas de “nuestra tribuna”, el periódico que sacan entre el 22’ y el 25’ dicen “No somos feministas”. Textual. Entonces en principio eso. Hay un artículo de  Dora Barrancos que habla de cómo se recepcionó el primer feminismo en argentina y yo escribí un dossier donde recuperé distintos usos del término feminismo entre siglos. Y uno de los fragmentos está incorporado en el libro, que es Virgilio Prajoux, que ante la postura clásica de “joven obrera, no te intereses en el feminismo porque es burgués y demás” dice “bueno, pero cuidado porque si vos no llevás tu propia lucha sola, adelante o con tus compañeras no va a haber hombres que quieran libertarte, emanciparte, etcétera”.  Y eso es una posición recontra feminista, y está dicha por un varón. A mí también en el libro me interesó mostrar cómo no hay una postura de la voz de la mujer neta y una postura de los varones neta. Lo que hay es un debate donde todo el tiempo cambian e incluso no podemos saber si quien firmó es realmente una mujer o un varón que usa nombre de mujer. Eso en principio.

Una cuestión que habías encontrado es que dentro del anarquismo había incluso un sentido homofóbico. ¿Cómo relacionás esto con la actualidad del movimiento queer, los transfeminismos, o los choques que se producen con reivindicaciones como la del trabajo sexual que hoy por hoy divide el feminismo?

Izquierdas como un arco amplio de discursos emancipatorios y feminismos como otro arco han tenido encuentros y desencuentros, que han tenido que ver con muchas cuestiones. En principio porque si estamos hablando de partidos en general han sido y continúan siendo comandados por varones. Como la política en general.
Por otro lado, la cuestión femenina se vio siempre vista como una particularidad. Como algo que era del orden de lo particular y que hablaba solo de las mujeres. Y no de algo del orden de la política en general y que habla de la construcción de géneros para ambos. O dentro de los discursos marxistas más clásicos es “bueno, esto se va a dar posteriormente. Una vez conseguida la revolución social va a desaparecer la prostitución”, todo lo que consideraban aberrante o inmoral, o esclavizador o etcétera. Entonces los distintos feminismos se vieron ahí en distintos problemas. ¿Hablamos de las mujeres todas o hablamos solo de las mujeres trabajadoras? Porque si hablamos de las mujeres todas tenemos que incluir a las burguesas. Este es un problema para cruzar clase y género.
Otro problema: no había vocabulario para pensar en términos de género. El concepto de género se va discutiendo y afinando en la segunda mitad del siglo 20. Había los mismos problemas pero con otros nombres. Entonces ahí también, el concepto de género es, como dice Nelly Richards “un operador estratégico para actuar políticamente también. Y ahí las mujeres feministas se vieron en el problema de “continúo en el partido bajo el ala del comando masculino en la rama femenina o tomo un camino autónomo” en el que el feminismo es un movimiento social autónomo de los partidos. Esto se da sobre todo en la segunda mitad del siglo XX. Y en eso hay momentos de alianza, momentos de separación, momentos de disputa, momentos de cooperación, lo que me parece que hay ahora –yo escribí un artículo que se llama “La izquierda se pone violeta”, que es un poco generalizador. Pero que hay una situación de movimiento en la cuestión de las mujeres. Hace 30 años hacemos encuentros de mujeres anuales multitudinarios, hay efervescencia. Y la izquierda está pasando por un momento -más allá del último pequeño despegue electoral- bastante lánguido. Entonces yo decía “La izquierda se pone violeta” porque hay un interés genuino de algunos compañeros por incorporar estas cuestiones y también hay un sentido de oportunidad me parece a mí de ver que algunas cuestiones que tienen que ver con la mujer han tomado un cariz muy público, así que está bueno subirse a esa ola y en ese artículo digo “bueno, está por verse si están dispuestos no sólo a subirse a esa ola sino a repartir recursos, a dejar que las mujeres opinemos, y a esto hay que sumarle también que la idea de esa dicotomía varón-mujer se viene discutiendo durante el siglo XX y estalla en las últimas décadas, que tiene que ver con dejar de pensar en términos dicotómicos y pasar a pensar en términos de otras sexualidades, de otras identidades de género,  que incluso ya las estoy jerarquizando, porque digo “otras” pero bueno, de un sinnúmero de discusiones en término de poder romper tanto la heterosexualidad obligatoria como organizador de la cultura como también la dicotomía de los sexos. Y también empezar a pensar en materia de sexualidad, en un continum, como dice Judith Butler, en eso que al principio era fácil: “El género es lo cultural, el sexo es lo natural” bueno, estallar eso y ver que lo que consideramos el sexo anatómico natural es también una construcción social.


Así que bueno, hoy estamos en eso. Sumados nuevos debates, como el debate que también estalló sobre prostitución o trabajo sexual. Otro grave problema para la izquierda, porque la posición clásica del marxismo y el anarquismo es en general abolicionista, y en el caso del anarquismo la prostituta es la esclava de la esclava del esclavo. Y entonces hay una mirada muy paternalista y una mirada de que la mujer que “cae” en la prostitución solamente cae porque la situación la llevó a eso, no hay posibilidad de “servidumbre voluntaria”, digamos. Lo cual es un problema porque la prostituta en ese tiempo casi no habla, y cuando habla en los discursos que encontramos dice más o menos lo mismo –por lo menos en los periódicos anarquistas, después hay episodios de chicas hablando- pero en eso llegamos a hoy donde hablamos de trabajadores sexuales, donde compañeras trabajadoras sexuales toman la voz para decir lo que necesitan, donde otras que todavía están sumidas en el silencio no pueden decir lo que necesitan, entonces también habría que problematizar eso, donde se confunde trata con prostitución –o trabajo sexual- donde las intervenciones policiales que parecieran que van a favorecer a las mujeres las terminan re victimizando. Ahí hay otro punto de desencuentro que las izquierdas tienen que navegar. Yo creo que hay mucho por hacer, porque el cambio no es solo en las izquierdas, hay un cambio cultural que hay que ver si compañeros y compañeras están dispuestas a hacerlo.

 Antes no tenían herramientas conceptuales de género para expresar estos temas. ¿Cómo se tematizaba? Había una cuestión de amor libre en su momento planteada.

Bueno, estos temas, amor libre, no son exclusivos del anarquismo: Vienen de distintas tradiciones, pero esta es una modulación que yo tomo. Lo tematizaban con ese lenguaje. El tema de la mujer era la emancipación de la mujer. Hay un texto que yo tomo que es “queremos emanciparos, queremos libertaros”, que tiene este problema de que el otro te venga a emancipar. Y que encima sea un varón y que tenga problemas para decirlo. Después hablaban en términos de amor libre y unión libre. Un polo y otro. Unión libre era lo más sencillo, las monogamias sucesivas heterosexuales que más o menos tenemos ahora, sin sanción religiosa ni civil. Y amor libre o libérrimo múltiple ya sería el otro extremo, de la posibilidad de amores entre varios más allá de una pareja. Siempre el marco es muy heterosexual. No es muy fácil de rastrear porque este vocabulario está en construcción.
Entre 1880 y 1930 no tenés homosexuales orgullosos de ser homosexuales. La palabra homosexual se crea a finales del S XIX. Circula entre siglos pero no es una persona como dicen quienes estudian estos temas, sino era el acto de la sodomía lo que en general estaba penado, y del sodomita, el pederasta. Era lo mismo decir sodomita que pederasta que hermafrodita que invertido, que uranista. Todo un vocabulario mezclado que se mezclaba de la vida cotidiana y de los tomos de sexología que empezaban a circular. La sexología también es una ciencia que… habría que leer Foucault. Es lo que hace Dora Barrancos. Acá el anarquismo fue una parte de una locuacidad sobre el sexo que hubo en este periodo. Y yo intente rastrear y en general lo que encontraba en los discursos de la prensa era un discurso que hoy diríamos homofóbico, pero que en ese momento era el clásico. Una aberración, va a desaparecer… Porque hay toda una discusión: es adquirido o es innato. Y entonces las malas condiciones de vida generan vicios y aberraciones. La sodomía, la masturbación, que también estaba mal visto. El aborto, incluso. La prostitución. Los males venéreos. Esto comparten con el socialismo, este imaginario. Y con la época. Porque como bien dicen los que estudian el anarquismo, no hay que hacer una historia internista. No hay que perder de vista que no inventan la pólvora, que están en diálogo con un contexto de época, que comparten sentido con un contexto de época, que claramente se oponen al discurso religioso en el sentido de separar procreación de goce.

¿La tematización del aborto estaría precedida por una correcta utilización de los medios preventivos?

Claro, pasa que los medios preventivos son escasos, no son de fácil acceso, lo más utilizado parece haber sido el coitus interruptus, que tampoco es algo que pueda controlar la mujer. Algunos métodos de barrera, algunos tipos de profilácticos. Pero la verdad que estaba muy extendido el aborto. Y no tenemos hoy estudios indiscutibles. Tenemos producción del movimiento feminista, por suerte. Lo mismo con la violencia hacia las mujeres. Entonces era un contexto muy difícil para que se pudiera practicar esa maternidad consciente.


¿Ves también alguna recuperación política que hagan movimientos sociales sobre prácticas o discursos anarquistas, más allá de la academia?

Hay, más allá de la academia, un movimiento anarquista que nunca se detuvo. Siempre hubo y habrá anarquistas. Con más o menos situaciones de reflujo. No es el anarquismo que en 1910 te organizaba lo que había de movimiento obrero. Pierde, pierde con el sindicalismo revolucionario, después con el peronismo. El anarquismo es acérrimo enemigo del peronismo, de la idea del líder, de la veta fascista… Hay un revival en los 60’  pero eso es una discusión que tan grande fue. Valores que el anarquismo sostiene como válidos en los 60 quizás se generalizaron, como el amor libre. Por el hecho que no solo tenía raíz anarquista no podemos decir que es el anarquismo que resucita en los 60… Acá en los 70 con la situación de la dictadura es complicado ver como…  En los 80 hay un renacer, en los 80 90, hay un movimiento muy ligado a lo anarco punk, que no es mi tema pero también es interesante ver.
Más allá de la academia pululan los anarquismos. El diálogo a veces se da, a veces no. Hay colegas que son más anarquistas, otros no tanto. Como siempre sucede el discurso académico si se pretende serio tiende a marcar las contradicciones, los problemas, a criticarlo al movimiento más allá del amor que uno pueda tenerle. Y si uno está muy inmerso trabajando en un movimiento político, como todo movimiento político, el encuentro con el académico que te viene a decir de afuera… no es muy tolerable. El encuentro entre izquierdas e intelectuales… Hay que preguntarle a Tarcus.

Cuando me preguntaban por los encuentros y desencuentros de los feminismos y las izquierdas creo que también un aspecto que habría que tener en cuenta es que, sin generalizar, a los varones les cuesta mucho leer feminismo. El feminismo tiene muchos textos teóricos y políticos que iluminarían muchas de las cuestiones que les parecen novedosas. Lo que pasa es que, mirando la cultura occidental, no están acostumbrados como nosotras que leemos a todos, en su mayor parte, varones. Si no te quedas sin leer la cultura occidental. Miran un poco y dicen bueno, “el feminismo es una particularidad, no tengo tiempo”. Me parece que tendrían que estudiar. Lo que pasa es que no es fácil.

¿Para vos es por pereza intelectual? Al principio vos decías que las izquierdas consideran al feminismo como algo accesorio, como algo que se puede derivar del análisis de las relaciones de producción.

Algo accesorio, algo que viene después. No sé si es por pereza intelectual pero hay como una mirada peyorativa sobre la producción feminista. Es algo difícil de atravesar subjetivamente. Ya es difícil de atravesar para una mujer subjetivamente. Entonces para un varón ponerse en el lugar del opresor y poder a deconstruir su masculinidad si es que quiere tener otro tipo de diálogo no es fácil. Es una tradición que te exige una lectura subjetiva muy atrapante y también eso debe condicionarlos. No lo consideran necesario. Hasta que Judith Butler no discutió con Laclau y con Žižek en su libro “Contingencia hegemonía, universalidad” ahí unos colgados empezaron a decir “ah, mirá, hay que leer a Judith Butler” pero hasta ese momento decían “no, es una autora del feminismo”. Y yo creo que ella y otras son autoras fundamentales para poder pensar. Paul Preciado también me parece interesantísimo para pensar el capitalismo tardío.

Justo lo iba a nombrar a Paul porque la otra vuelta estaba viendo una entrevista que le hacían y el presentador que era de izquierda o al menos autodenominado, no dejaba de decirle Beatriz.

No claro, hacé un esfuerzo, yo también me confundo, por eso opto por decirle Preciado. Si alguien te está diciendo “yo ahora me llamo así, yo ahora hice una transición” bueno, hacé un esfuerzo. Bueno, creo que también, justo me acordé, cuando tenés una situación de privilegio, esto lo fui aprendiendo escuchando críticas, tenés que ser muy consciente de esa situación de privilegio: racial, de clase, de lenguaje. No todo el mundo está dispuesto a discutir sus privilegios y uno de los privilegios que tienen los varones es decidir qué leen y poder atravesar el mundo sin que sea una falta no haber leído algunas autoras, porque no forman parte del canon, por más que hagamos un esfuerzo, las pongamos y construyamos un canon. Entonces yo respeto mucho al varón que si está interesado es discutir estas cuestiones se ponga a leer y que se ponga en los programas autoras feministas para pensar. Están formando gente que interviene en la cultura, en la sociedad, en las políticas sociales y demás ¡y la perspectiva de género es optativa! Es optativo, entonces salís pensando que los sujetos son universales. Si una carrera como sociología por más esfuerzo que hagan muchas colegas, esto está mejorando ahora está muchísimo mejor, pero no termina por ser atravesada por una perspectiva crítica. Debería haber una introducción a los estudios de género desde los inicios de la carrera. Además el concepto de género es un concepto sociológico… disruptivo, discutido permanentemente… hemos recorrido un largo camino.   

Laura Fernández Cordero es Doctora en Ciencias Sociales recibida en la UBA, -donde da clases de grado- e investigadora del CONICET. Coordina el programa de Memorias políticas feministas y sexogenericas dentro del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDin) de la Universidad de San Martín. Asimismo, dicta el Seminario de posgrado “Izquierdas, Género y Sexualidad. Desde los socialismos utópicos a la teoría queer” (UBA y CeDInCI/UNSAM).

Por Julián Echandi y Elías Alejandro Fernández

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