Retorno a la fascinación primaria

Cachorro. Breve tratado de filosofía paterna // Agustín J. Valle

Este no es un libro sin raíces. Ningún libro lo es, pero este es un claro hijo de su época y, sobre todo, de su autor. Valle estudió historia en la UBA, y puso el acento en Historia de la Subjetividad y Transformaciones contemporáneas. También, y entre muchísimas cosas, ha trabajado en investigación con docentescolabora con diversas entidades relacionadas con la formación docente y escribe ensayos sobre subtejividad mediática, política y cultura en diversos medios.

El libro fue publicado en febrero de 2018 por editorial Hehkt, y se presenta a sí mismo desde la portada como un “breve tratado de filosofía paterna”. Una guía introspectiva cuasi documental sobre los primeros años de la formación humana construída sobre un ensayo poético repleto de espíritu semiótico y reflexiones nacidas desde varias aristas de la psicología; pero sobre todo es una mirada cercana, cómplice, de un padre primerizo que se sabe también él nacido de mujer y que está fascinado con su retoño.

Se ha dicho que Cachorro es un resultado de nuestra época. Que no podría haber existido sin la desconstrucción propiciada por la revolución cultural de la mano del feminismo. En efecto, el libro borra (y ataca) esa idea tradicional de un padre que establece sobre el hijo un imperativo, un llamado a cumplir para ser “hombre”, un padre índice de la cultura moderna que “no estaba, ese padre; llegaba. Y su condición ausente posibilitaba que su cuerpo fuera la carne portante de una abstracción, la Ley. (…) Padre la traía del Afuera. Porque ese padre era la cuña, o la bisagra, que introducía el mundo social en el niño; el representante oficial del mundo Social en el mundo doméstico”. En cambio el padre que protagoniza Valle no castiga ni prohíbe, sino que acompaña y limita en base al conocimiento transmitido por la especie. Eso no se toca. Porque lastima. Y no porque sí.

Pero “Cachorro” no es un resultado, sino más bien un síntoma muy agradable de nuestros tiempos. Hijo de las reflexiones sobre la propia masculinidad, debate pospuesto y no tan frecuentado a la hora de repensar los géneros. Una mirada reconstruída desde el momento en que el autor recupera la inocencia y la belleza en los sucesos que implican nacimiento, crecimiento y crianza de su hijo. El “tratado” es una bella quimera poética mezcla de ensayo, reflexión y experimentación literaria, pero también un breve paisaje personal de sesenta y cinco páginas dibujado sobre los primeros meses de la paternidad, breve para gusto de quien escribe.

Agustín Valle también fue un bebé. Lo sabe, e intenta volver sobre sus pasos. Observa a su hijo para recordarse como tal. El Cachorro es un cuerpo que conoce el mundo de forma somática y desarrolla un campo simbólico. La carne se transmuta en consciencia a través de un sistema que es resultado de una tradición perfeccionada desde el período cámbrico hasta que en algún momento se convierte en un ser que comunica. “Los hombres expresan, los animales indican. Ambos emiten signos si se quiere, muestran cosas legibles; pero los hombres son expresivos porque su reacción es incierta. (…) Un perro no se expresa: indica lo que le pasa.”

“Cachorro” construye la mirada de un padre sobre su hijo varón como los efectos de la crianza misma. Pero no una crianza normalizante, sino una seguidilla de etapas en las que el niño recorre y asimila el mundo. El padre observa y delimita, y lo novedoso en la relación se da en que no castra ni impone. Ama y, como ama, señala los peligros. Imparte máximas heredadas por la especie: “Se trata de señalarle -uno en tanto compañero que lo cuida, uno como par que porta la data de muchas pruebas previas- límites que su -nuestro- cuerpo tiene y que él aún no conoce ni está apto para conocer sin dañarse (…) no son algo que poseemos e introducimos como nuestra potestad; más bien, somos administradores de su encuentro natural inevitable”. Es consciente de sus limitaciones, y de que puede ofrecer una paridad cómplice y amorosa que admira los primeros pasos del niño.

Una mirada que recupera la ternura desde los ojos del bebé, desde la risa y el llanto, desde que “nace un cuerpo y encarna la especie” desde la poesía que construye en derredor de un ser que mira y es mirado durante el amamantamiento y se sabe alguien en esa interacción alimentaria que “en principio, consiste en la evidencia de nosotros”, una vuelta al tiempo vulnerable del bebé que ”viene a recordarnos que, de todo lo que es hermoso, nosotros somos lo más hermoso”.

Cachorro. Breve tratado de filosofía paterna – Agustín J. Valle – Hehkt – Buenos Aires – 2018


por elías alejandro fernández
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