El despertar de los sentidos

el

La flor púrpura // Chimamanda Ngozi Adichie

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Look at what they’ve done

the earth cried to the moon

they’ve turned me into one entire bruise

 green and blue –Rupi Kaur-

La flor púrpura como título de esta novela puede llegar a engañar al lector que nada sabe de la escritora nigeriana. Si dentro del espectro de las metáforas literarias más usadas la flor remite a aquello que es delicado y bello, al pasar las páginas se descubre que, aquí, la flor significa un modo de rebelarse contra un contexto represor. Es la fuerza que nunca abandona a quién busca la libertad. La narración comienza con un pequeño gesto que antecede al quiebre del status quo: justo en ese momento en el cual la flor púrpura abre sus pétalos. Adichie escribe sobre la lucha entre la libertad y la represión dentro de un contexto racista y patriarcal. Para esto, la escritora se adentra en el seno de una familia religiosa en la ciudad de Eunugu, Nigeria, y presenta a Kambili, de quince años, victima de una crueldad tanto pública como privada.

Aunque nadie hable directamente de ella, la violencia se despliega en todos sus matices. Cada personaje la mira de reojo aguantando sus golpes hasta que llega la hora de enfrentarla completamente. El peso de la figura del padre y la culpabilidad por el sólo hecho de existir afecta a cada personaje de diferentes formas. La voz de Kambili es testigo de cómo esa brutalidad invisibilizada, dentro de su ámbito doméstico, se transforma en un monstruo difícil de ignorar. Frente a la violencia familiar hace su entrada la pública que acarrea un inminente golpe de estado por las fuerzas armadas. En la avidez por librarse de las garras del colonialismo, la vida en Nigeria se desestabiliza y vivir se vuelve cada vez más difícil en un lugar en el cual sólo se aspira a sobrevivir.

Pero la libertad es posible y Kambili y Jaja, su hermano, lo descubren al pasar una temporada en la casa de su Tía Ifeoma. En este lugar humilde, tan diferente del hogar paterno, los hermanos aprenden a respirar. La naturaleza allí los abruma, sus colores, las texturas y los intensos olores hacen su entrada en sus vidas y los fuerza no sólo a sentirla sino también a conectarlos con las raíces que han perdido y que les han sido arrebatadas. De a poco la cultura africana deja de verse como una práctica pagana, todos logran escapar de las doctrinas para dejarse llevar por la sensación de comunidad y unión con la tierra. En este sentido y frente al silencio cristiano, la risa -como la naturaleza- es otro elemento de rebelión contra las imposiciones patriarcales.

Kambili libera sus sentidos para disfrutar cada detalle de ese lugar: las canciones, los olores de la comida, la briza que entra por la ventana, los bichos que se cuelan por el desagüe y las plantas, con sus formas y colores inimaginables. En esta batalla cotidiana contra la represión nace el anhelo por un mundo nuevo. La esperanza se abre paso en la vida de todos y, con ella, el anuncio del crecimiento de nuevas flores: “Ahora ya puedo hablar del futuro”.

La flor púrpura– Chimamanda Ngozi Adichie – Debolsillo  – 2006

Por Agustina Aranguren

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