Narrar desde las marcas

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Fractura // Andrés Neuman

Fractura, el último libro de Andrés Neuman, es un relato escrito con paciencia y, sobre todo, con un enorme trabajo de investigación. El libro es un prisma de ideas y lugares, al igual que su autor, hijo de padres argentinos nacido en 1977 y radicado en Granada a los 14 años, donde se convirtió en licenciado en filología y profesor de literatura hispanoamericana. Luego de publicar su primera novela, “Bariloche”, a los 22 años, no tardó en transformarse en uno de los escritores más apreciados de habla hispana. Roberto Bolaño se refirió a su obra como “algo que sólo es dable encontrar en la alta literatura, aquella que escriben los poetas verdaderos”.

Es el 11 de marzo de 2011, y el anciano señor Yoshie Watanabe (guiño no muy disimulado al poeta peruano José Watanabe) vuelve en subte a su casa de Tokio cuando ocurre el terremoto que se conocerá más tarde como la catástrofe de Fukushima. El desastre reactiva un evento constitutivo no solo de su identidad, sino toda la sociedad global posterior a 1945: El cuerpo de Yoshie, nacido en Nagasaki, está marcado por las cicatrices que le imprimió la bomba de Hiroshima.

“Fractura” tiene encima toneladas de trabajo, y se nota. El anexo de tres páginas es una recomendación personal implícita de fuentes sobre el tema. Neuman deja al descubierto los guiños y mecanismos que utiliza, y esto es parte de su encanto. Escribió el libro entre marzo de 2011 y octubre de 2017, apuntalado en personas y lecturas que lista al final de la obra en orden alfabético, donde no exime ni libros, ni canales de youtube, ni “viajes hipotéticos por google maps” ni (era hora) la wikipedia.

Neuman asegura que los personajes no se describen, sino que actúan. Así que nos lleva de la mano por la vida del señor Watanabe, a quien seguimos de cerca sin adentrarnos jamás en sus emociones. “Fractura” es un ovillo que se desmadeja en bloques. Cada capítulo es una mixtura de reflexiones, declaraciones y soliloquios que entretejen la narrativa y la naturaleza de sus personajes. Los recuerdos de Watanabe se complementan con los de las exparejas que tuvo en Francia, Estados Unidos, España y Argentina.

Pero los grandes acontecimientos, aquellos que ocurren con tal violencia que no pueden ser ignorados, dejan marcas que toda sociedad debe procesar. El trauma de las bombas nucleares, replicado mil veces en diarios y pantallas se iconiza para siempre. La imagen deja resabios incluso en quienes no la vivieron. Permanece en el aire. El señor Watanabe se reconstruye dejando las marcas a la vista. Como en la técnica-filosofía del Kintsugi, que utiliza oro en polvo para rellenar las fracturas de las vasijas japonesas. Haciendo de las marcas un valor agregado, un lugar de admiración, un daño que se cuenta desde el mismo proceso que lo repara.

Es que Yoshie es un catalizador que nos habla de un mundo donde la mixtura cultural profundiza las contradicciones sobre las que se erigió el siglo XX. Las identidades internacionales no solo se mezclan a través de los viajes, el sexo y la amistad. También son depositarias del mismo peligro. La fragilidad frente al desastre nuclear. Los mitos e historias de cada nación, sus recelos y cariños, las diferencias idiomáticas hablan de formas diferentes de procesar el mundo.

Fractura – Andrés Neuman – Alfaguara – Buenos Aires – 2018 


por elías alejandro fernández
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